domingo, 11 de junio de 2017

Un vuelo literario

ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY

Nació el 29 de junio de 1900, novelista y aviador francés. Desde muy pequeño manifestó interés por la aviación y aprendió el oficio cuando realizó el Servicio Militar. Su padre (vizconde), ejecutivo de una compañía de seguros, era Saint-Esupéry, y su madre, de gran sensibilidad artística, se llamaba Marie de Franscolombe. Antoine, era el tercero de un total de cuatro hermanos.
Cuando Antoine solo contaba con cuatro años de edad, falleció su padre, lo que provocó el traslado de su familia a Le Mans en el año 1909. Residió en el castillo de su tía, ubicado en la localidad de Saint-Maurice de Remeis. En esta gran casa el pequeño niño vivió una infancia feliz, rodeado del cariño de su familia, en especial de su adorada madre, con la cual estaba muy unido, y cuya sensibilidad y cultura lo marcaron profundamente y con la que mantuvo una cuantiosa correspondencia durante toda su vida.

Fue un aviador en los días en que la aviación poseía pocos instrumentos, y volar, era una tarea extremadamente difícil y peligrosa, uno de los pioneros de los vuelos postales internacionales. Sus experiencias como piloto, fueron a menudo su inspiración como escritor. Mientras volaba, escribía. En el año 1926, marcó un giro decisivo en su vida, con la publicación de la novela breve “El aviador” en Le Navire Dargent de J. Prévost, y con un contrato como piloto de línea, para una sociedad de aviación, transportando correo de Toulouse a Senegal. En 1927 realizó arriesgadas misiones de correo aéreo a África y Sudamérica. A partir de entonces, a cada escala del piloto, correspondió una etapa de su producción literaria, alimentada con la experiencia. Mientras se desempeñaba como jefe de estación aérea, en el Sahara español, escribió su primera novela “Correo del Sur” (1928). En los años 30, realizó adaptaciones cinematográficas y otras actividades. En 1931, obtiene el premio Fémina con el gran éxito de “Vuelo nocturno”.
Viajó a Moscú (1935) y a la España (1936) afectada por la Guerra Civil, escribió reportajes y artículos para varias revistas. También formó parte de las misiones de la aviación francesa, durante la Segunda Guerra Mundial. Luego estuvo en Nueva York, cuyas anécdotas las recopiló en “Piloto de guerra” 1942).
Estudió en colegios de Jesuitas, Maristas y en la Universidad de Friburgo. Pasó el bachillerato en 1917, y tras su fracaso en la Escuela Naval, se orientó hacia las artes y la arquitectura. Se hizo piloto en 1921, en Estrasburgo (1920). Ese mismo año, le destinan a Marruecos, donde tendrá su primer contacto con el desierto. Finalizado su servicio Militar, ejerce como encargado de fábrica, vendedor, e incluso rechazó un matrimonio de conveniencia.
En Buenos Aires, donde conoció a quién sería su esposa, la millonaria salvadoreña Consuelo Suncín, fue nombrado director de la empresa Aeroposta Argentina, filial de la Aéropostale, donde tuvo la misión de organizar la red de América. Tal es el marco de su segunda novela “Vuelo nocturno”. En 1931, la bancarrota de la Aéropostale puso término a la era de los pioneros.
Desde 1932, y dadas las dificultades de su empresa, Saint-Exupéry se consagra al periodismo y la escritura. En 1934 ingresa en Air France. Hace reportajes sobre la Indochina francesa (Vietnam) pero dejó de volar como piloto de pruebas y efectuó varios intentos de récords, muchos de los cuales se saldaron con grandes accidentes: en el desierto egipcio (1935) y en Guatemala (1938). Sus reflexiones sobre el humanismo, las recogió en “Los hombres de la tierra” (1939).
El 6 de abril de 1943 vio la luz su obra cumbre “El Principito”, catalogada como una de las mejores creaciones literarias del siglo XX. Ha sido traducida a más de 250 idiomas, un clásico de la literatura infantil de todos los tiempos.
El 31 de julio del año 1944, falleció en las aguas del Mar Mediterráneo, cerca de la costa de Marsella.
Es el autor de una original producción narrativa en la que supo combinar la acción de sus experiencias aventureras, con la reflexión y la sensibilidad propias de los valores humanísticos. Ha pasado a la historia de las letras  universales.

“Haz de tu vida un sueño, y de tu sueño una realidad”

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